Curiosidades

10 razones para estar en el retro

El camino hacia el retro

4.9
(20)

Repasamos las diez razones más poderosas para engancharse al retro. ¿Te suenan de algo?

– Definición de “el retro”

Antes que nada, y de forma tentativa, vamos a definir “el retro” como ese mundillo que hunde sus raíces en aquellos maravillosos años ochenta y que nos permite volver a disfrutar hoy en día de los ordenadores, las consolas y los juegos de aquella época.

¿Por qué alguien en su sano juicio iba a querer revivir aquel antiguo entretenimiento, existiendo un presente tan evocador y palpitante? Bueno, pues por lo mismo que nos hipnotiza la enésima reposición de “Casablanca”: porque los clásicos nunca mueren. Pero, además de eso, por otras muchas y variadas razones que veremos a continuación.

1. La nostalgia

La nostalgia [del griego nostos (regresar) + algos (sufrimiento)] es un sentimiento que surge cuando se recuerda algo con cariño, pero también con cierta pena por haberlo perdido. Su probable función es la de ayudarnos a integrar nuestras vivencias pasadas con nuestro yo presente.

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La nostalgia implica un deseo de volver a experimentar lo vivido. Nos une a los afectos del pasado y, de alguna manera, nos mantiene conectados a esos recuerdos positivos. En este sentido, forma parte de un proceso de duelo. Como es natural, nos resistimos a perder aquello que amamos.

El mundo retro, por lo tanto, nos ayuda a regular esta emoción de la nostalgia, permitiéndonos revivir hoy en día aquellas sensaciones de antaño que tanto echamos de menos y que nos cuesta dejar atrás. De algún modo, eludimos así el dolor de la pérdida.

La nostalgia es tan poderosa que también puede confundirnos y hacernos pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor, edulcorando el recuerdo, focalizándolo en lo positivo y haciéndonos olvidar todos los inconvenientes que vivíamos entonces.

2. El desquite

Muchos niños no teníamos tantos juguetes como otros compañeros y, por lo tanto, no podíamos más que participar tímidamente de aquella efervescencia tecnológica, pero sin poder llegar a exprimirla y saborearla en todo su esplendor.

En mi caso, por ejemplo, recuerdo leer el Micromanía en la biblioteca, dejarme los ojos viendo arder el fósforo verde en la pantalla más económica y comprar con el esfuerzo de varios aguinaldos una Master System II, pero ya en la época de la Megadrive, simplemente porque sus juegos eran más baratos.

Al niño que fui le debo muchas cosas que en su día no pudo tener. Tampoco es que vaya a malcriarlo, dándole todos sus caprichos, pero al menos voy a tratarlo bien, porque se lo merece 🙂

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¡Date un capricho!

Necesitamos desquitarnos o, dicho de otra forma, devolvernos aquello que de alguna manera nos quitaron en la infancia. Concretamente, desquitarnos de todo con lo que soñábamos a través de los cristales de los escaparates, en el interior de las revistas o en casa de algún amigo más afortunado, y que nuestra obstinada realidad nos arrebataba cada día.

3. La comunidad

Al ser humano lo mueve, entre otras necesidades básicas, la necesidad de afiliación o, dicho de otro modo, la necesidad de pertenencia a grupos. Afiliación proviene del vocablo latino filus (hijo). Necesitamos sentir que estamos afiliados, es decir, que pertenecemos a una familia, una tribu, una asociación… un grupo de personas, en definitiva, que nos aceptan y con los cuales nos sentimos identificados.

Dentro de este grupo de afines que conformamos el retro, tenemos la posibilidad de crear vínculos significativos con otras personas, de sentirnos útiles y de ser tenidos en cuenta. Podemos compartir inquietudes comunes y no sentirnos diferentes. Podemos integrarnos en un entorno íntimo que nos comprende.

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En esos lazos que creamos con otras personas de parecidos gustos, tenemos la oportunidad de ayudarnos unos a otros. Descubrimos, a través de la experiencia, que la amabilidad, ya se ofrezca o se reciba, es un valor personal que nos produce bienestar.

Nada de esto sería posible sin una comunidad saludable capaz de albergar todos estos sentimientos.

4. El cacharreo

El deseo de aprender, la curiosidad, el gusto por los retos, la necesidad de comprender… son motivaciones que también tenemos profundamente arraigadas y que nos ayudan a mejorar cada día. El mundo retro nos ofrece la posibilidad de destripar todos esos secretos que aquellas cajas negras albergaban en sus vientres.

En este caso, hay dos tipos de amantes del retro: los privilegiados que poseen conocimientos de electrónica y de informática y, en un apartado más humilde, los pobrecitos diletantes que partimos desde cero.

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El taller

Los primeros son los que nos enseñan al resto. Personas prominentes en este mundillo, inteligentes y dinámicas, quienes tiran del carro. Los más osados, diseñan nuevos cacharros para nuestras queridas máquinas. Disfrutan exprimiendo al máximo aquella tecnología primigenia que los llevó a ser lo que son hoy en día: ingenieros, electrónicos, informáticos… En un ejemplo perfecto de gratitud, devuelven a sus primeros ordenadores parte de lo que estos les proporcionaron.

Los de segunda clase, incluido un servidor, empezamos con un destornillador y mucho miedo, quitando alguna carcasa y mirando dentro del aparato sin comprender nada y sin atrevernos a tocar. Poco a poco, empezamos a reparar alguna disquetera, a conectar alguna gotek, a limpiar algún teclado… Cosillas de poca monta que llenan el fin de semana y, sobre todo, cuando uno necesita hacer algo diferente a su rutina habitual.

En definitiva, cada uno cacharrea al nivel que su propio conocimiento le va permitiendo y a medida que va adquiriendo nuevas habilidades. La sensación de progreso es reconfortante.

5. La escena

Por escena, o scene, se suele conocer al movimiento orientado al software que no cuenta con la aquiescencia o aprobación del fabricante, es decir, el homebrew o programas no profesionales, hechos en casa. Normalmente está asociado a la piratería, pero no es necesariamente así, ni tampoco tienen por qué considerarse aficionados (de hecho, muchos programas hechos en casa tienen más calidad que los profesionales).

En nuestro caso, la escena la componen una serie de románticos programadores, con frecuencia mejores que los originales, empeñados en sacar nuevos juegos para máquinas antiguas. Algunos son personas que participaron en compañías de la época y, en la actualidad, han reinventado nuevos sellos. Otros son advenedizos, niños de entonces, que ahora ya crecidos saben mejor que nadie cómo hacer vibrar el código.

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¿Qué puede haber mejor que la sensación de descubrir nuevos lanzamientos de juegos para una máquina que te colmaba de pasiones 30 años atrás? A mí, sinceramente, me parece un privilegio de lo más placentero.

6. El coleccionismo

Conforme uno va llenando las estanterías, la cosa empieza a pasar de un simple capricho, de un deseo inocente y peregrino, a una verdadera obsesión que te lleva muchas horas del día y no poco dinero.

Empiezas con aquello que tuviste de pequeño y que, lamentablemente, perdiste debido a las mudanzas, a las madres implacables o al inexorable paso del tiempo. Luego te atreves con lo que nunca pudiste tener pero, apasionadamente, anhelabas de pequeño (el mencionado desquite). Después, comienzas a trascender hacia formatos inexplorados.

Poco a poco, empiezas a pasarte a otras plataformas, descubres mundos desconocidos, parajes retro ignotos y, cuales setas insospechadas, aparecen en tu móvil aplicaciones de compraventa de lo más variopintas.

El cartero se sabe ya tu dirección de memoria, te suenan las caras de repartidores de todas las empresas de transporte conocidas, tu mujer ya no se traga que todos esos paquetes sean intercambios con otros «freaks» y, por esas fechas, te empiezas a dar cuenta de que el espacio de tu casa es limitado.

Un buen día, echas la vista hacia arriba y percibes que tus paredes están alicatadas hasta el techo, pero no de azulejos, sino de abigarradas cajas y estuches, de todas las formas y colores, de todas las marcas y compañías… Efectivamente: has perdido el control.

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¿Y ahora qué? ¿Quieres ser completista? ¡Imposible! ¡Lo sabes muy bien! Poco a poco, comienza tu aterrizaje en la realidad… Tu tarea acumulativa es absurda y, para colmo, más de la mitad de lo que tienes ni siquiera lo has llegado a probar. Es la hora de vender para hacer espacio.

7. Un negocio

Para mucha gente, el retro es también una oportunidad para ganar algo de dinero, aunque sea con idea de subvencionar parte de su propio vicio. Sin embargo, no todas las formas de negocio son iguales.

Dentro del ánimo de lucro, en el retro hay negocios totalmente respetables, como aquellos que se dedican a fabricar productos interesantes o los que se dedican a reparar y vender máquinas que, sin su pericia técnica, nunca más volverían a funcionar.

Sin embargo, también hay formas de ganar dinero que pueden producir abierto rechazo entre la comunidad, porque, como consecuencia de tales prácticas, se inflan los precios y nos obligan a todos a rascarnos las faltriqueras más de lo que nos gustaría.

Los productos retro se prestan a la especulación, por el hecho de ser finitos, y es una pena que algunas personas se dediquen a comprar con la única intención comercial de revender a un precio más caro. Así se generan las burbujas, que a la postre sólo benefician a los especuladores.

8. Una moda

No podemos negar que somos seres sociales. Dentro de nuestra sociedad, muchas conductas se adquieren por contagio, es decir, por influencia de modelos que observamos o, dicho de otro modo, por pura imitación.

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¡¡¡Beee!!!

Todo aquello que prolifera, por el simple hecho de atesorar la atención de muchos individuos interesados, gana en atractivo para el resto de observadores. Poco a poco, toda la sociedad se va contagiando de ese interés y, antes de que nos demos cuenta, lo que en principio era raro y novedoso, se ha convertido en la norma. Ha nacido una moda.

El retro está de moda, para bien o para mal, eso hay que asumirlo. Por lo tanto, va a atraer a personas de toda motivación y pelaje. Algunos caerán al primer golpe, otros aguantarán casi todo el combate y sólo los usuarios legendarios (como suele decir XeNoMoRPH) marcharán más allá del décimo sexto asalto.

9. Nuestro espíritu rebelde

Muchas personas, entre las cuales me incluyo (a mi pesar), consideran los tiempos actuales carentes de calidad y calidez, por ser una época falta de autenticidad, un páramo cultural desértico donde es difícil encontrar algo genuino que merezca la pena ser vivido.

Muchos tenemos la sensación de que todos nuestros ídolos van muriendo sin tener un reemplazo digno. No obstante, tal vez, quién sabe, sea ésta una impresión común a los adultos de todos los tiempos.

Carentes de nuevos estímulos estimulantes, nos refugiamos en un lugar pretérito que recreamos en el mundo retro, un refugio que encontramos más interesante y hospitalario, capaz de saciar nuestras sencillas necesidades, como haría un bebé si le dieran la opción de volver al útero materno.

En el fondo, también se trata de una forma de rebeldía, un desafío a la deriva mundanal, un espíritu contestatario, desobediente e inconformista, que se desgañita gritando un: “NO, señores, yo no paso por el aro, porque he conocido un mundo mejor y rechazo vuestros burdos artificios”.

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¿Perdona?

10. Un modo de vida

Para terminar, si cogemos todo lo anterior, mezclado pero no agitado, daremos con seres que realmente han ido más allá y han hecho del retro todo un arte existencial, con licencia para jugar.

En resumen, hablamos de personas nostálgicas que necesitan desquitarse, integrantes activos de la comunidad, a los cuales les gusta cacharrear y también siguen de cerca la escena, que se dejaron fagocitar por la moda del retro, coleccionistas con reveses puntuales de fortuna, rebeldes incomprendidos e insatisfechos con el mundo actual, quienes, además (el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra), alguna vez compraron algún chollo con idea de revenderlo y sacarse unas pelillas.

En pocas palabras, la razón de razones para estar aquí es que, sencillamente, el retro es un modo de vida.

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9 comentarios

  1. Muy buen artículo. Me veo totalmente reflejado en «el desquite», «la escena», etc. cuando abandoné la lectura del libro «Programación Z80-Rodnay Zaks» al echarme novia en los ’90.

    Tras unos 24 años averiados mis 2 CPC en el trastero, vi en una entrevista a un tal (para mí desconocido) Sr. Fran Gallego que enseñaba en un curso gratis, ensamblador Z80 para Amstrad. Me sorprendió en 2019, yo pasaba del Retro. Los reparé para hacer el curso y vender ambos o quizás quedarme 1, pero finalmente probando mis antiguos juegos y programando Z80, imposible desprenderme ya de ellos. En 2020 presenté mi humilde 1er videojuego en la CPCRetrodev. Voy a por el 2º.

    Algunos dedican su ocio, sus aficiones a la música, la pintura, las manualidades, etc. Cuando la programación se aplica a los videojuegos, en mi opinión, a diferencia del software de contabilidad, webs, etc. ésta se convierte en arte. Y más aun en una máquina de 8 bits. Es perfecta para que un informático solo, o con 2 personas más (grafista y músico) puedan sacar «su obra de arte» en tiempo de ocio y en plazos razonables.

    1. Algo tienen las mujeres, porque dudo que ocurriera al revés: raro sería dejar a tu novia al empezar a leer un manual del Z80.

      Confieso que yo también abandoné la informática, e incluso abominé de los juegos de ordenador, cuando conocí el rock, los botellones y las aceras de las madrugadas. Recuerdos del pelo largo. No obstante, los imperativos biológicos no son destinos eternos y nunca es tarde para retomar los viejos caminos.

      Por lo tanto, bienvenidos sean los juegos que nos regales. Estaremos atentos. El Simón tiene buena pinta.

      Gracias por tu historia.

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